Como todo lo bueno, nuestro viaje ha terminado. Ya estamos a buen recaudo en casita con todas las comodidades del mundo occidental, y pese a las ganas de volver a disfrutarlas, ya echamos de menos la India. En Mumbai hemos hecho las últimas compras y hemos socorrido a un pobre francés al borde del ingreso hospitalario víctima de algún bacteria chunga que lo tenía con una gastroenteritis brutal que s
yendo de la persecución musulmana. Los parsis, con fama de astutos, gozaron de una privilegiada posición con los británicos durante la etapa colonial, construyendo colonias en torno a los templos y constituyendo una población de unas 60000 personas en la actualidad. Sin duda, el aspecto más conocido de la religión zoroástrica son los ritos funerarios. Al considerar sagrados fuego, tierra y agua, los parsis no entierran ni incineran a sus muertos para no contaminar estos medios. En su lugar, dejan los cuerpos al aire libre sobre unas pilastras conocidas como Las Torres del Silencio, en la colina de Malabar, nombres sin duda sacados de las novelas de Tolkien. Por desgracia, la tradición comienza a correr peligro debido a la disminución de la población de buitres en torno a la ciudad derivada del crecimiento urbano y de la polución, amenazando la supervivencia de este místico y agradable ciclo de la naturaleza… impresionante. Por último, mencionar el Metro de Bombai, que vuela. Oficialmente el más transitado del planeta. En ningún otro país podrían transportar tal número de personas en semejante espacio. Tal vez en China, habrá que compararlo. En la hora punta, hasta 5000 personas se hacinan en trenes de nueve vagones diseñados para 1400 pasajeros, tenemos entendido que la media sale a 16 pasajeros por metro cuadrado, aunque afortunadamente la estadística no es real ya que el 10% cuelga de las puertas. Las muertes por caídas desde la puerta o desde el techo están a la orden del día. Una vez en el vagón, las reglas que rigen cada pequeña sociedad de pasajeros son diferentes a las existen más allá del vagón, y se establecen amistades eternas con el compañero de al lado que acaban con el trayecto de metro, se comparten periódicos, se ofrece comida a los desconocidos, y por supuesto, se fríe a indiscretas preguntas al extranjero que ose subir del estilo “¿estáis casados?”, “¿Qué religión profesáis?”. Y lo que realmente sorprende al observador occidental es la manera en que, cuando el tren con atestados vagones sale en marcha y aparecen los impuntuales corriendo desesperados por alcanzar el vagón, siempre encuentran manos que se ofrecen desde las puertas y aparecen huecos milagrosamente donde antes no existían. Como dicen los Indios “Everything is possible in India”.
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